Miércoles por la tarde y todos los jóvenes del instituto salen saturados por las tediosas clases y las jamadas de coco de futuros adultos que tienen un oscuro presentimiento de lo que ha de venirles en la vida. Jerarquías diseñadas por retorcidos sistemas sociales lograron que estos jóvenes se agrupen en modelos de clases y costumbres en un ritual ancestral, que les lleva como a ganados a distinguir a que especie a de incorporarse.
María Gil, una veterana del instituto a punto de dejar definitivamente la larga trayectoria de estudiante de instituto para volar a nuevas corrientes de la sabiduría en alguna universidad lejos de lo conocido. Se dispone a cruzar la calle que ha pisado tantos años que está entre el instituto y su motocicleta. Con su peculiar forma de andar en una fémina llena de vida y sensualidad que consciente de su potencial juvenil remarca sus pasos ante la mirada de jóvenes machos ardientes de montar a una fresca joven de voluptuosos encantos. Tras una pequeña maniobra de querer mirar a los babeantes mirones mientras ella les sonríe con complicidad, un coche impacta en sus rodillas y la hace volar a la vez que la dirección de su cuerpo se invierte y cae sobre el capó del coche. Gritos se confunden con el sonido del claxon que ha quedado bloqueado en encendido. Jóvenes que corren a ver qué sucede y entre despectivos mirones y amistades cubiertas de lágrimas el conductor del coche sale con una herida en su ceja derecha. Todos miran a la joven con su cuello roto sin percatarse de la huida a pie de su agresor. María Gil mira con lágrimas y sangre en sus ojos como se aleja y emite entre gemidos una maldición.
Maldito seas tú, que tu herida se vaya extendiendo hasta llegar a los tuétanos de los huesos. Tras esas palabras María quedo inerte con sus ojos clavados en el horizonte y una sirena empezó a envolver aquel lugar mientras rompía a llover.
Fue un triste funeral, todo el instituto fue a su entierro y un día notificaron que fue detenido su asesino y puesto a disposición judicial.
Pasaban los días y en un calabozo a la espera de abrirse una firme sentencia contra el asesino de María los guardias observan en su celda a Paco. Un portugués padre de 8 hijos y tres bastados y que trabajaba en la construcción , que hace años se marcho de su casa con una joven rumana dejando atrás su vida familiar .
Uno de los guardias observa que la herida de Paco no deja de sangran aun siendo atendido de urgencias y dado de alta, decide llevarle a la consulta del médico de guardia.
Paco está nervioso y sujeta con su mano izquierda una compresa a modo de tapón presionando la hemorragia, el doctor le observa la herida insistiéndole constantemente que baje el brazo. El doctor mira al guardia y este llama por el walki talki al hospital central de la ciudad.
Lo siguiente fue espectacular, sonidos de sirenas por toda la ciudad, una ambulancia, dos coche patrulla y una moto abren el trafico a los lados con la intención de llegar a urgencias. Paco mira a quienes le intentan tranquilizar a la vez que le cambian de vendajes. No entiende que puede causar tanto alboroto, al fin y acabo solo se dio un pequeño golpe en la ceja derecha y no para ahora de sangrar. Una joven auxiliar que le limpia la sangre grita asustada al verle la cara ¡la cara! Grito muy fuerte ¡la cara! Los demás le miraron y sus rostros se desencajaron. ¡Dios mío! Susurro uno de los hombres mientras le inyectaba suero en la vena. Paco se empezaba a preocupar y pedía un espejo, le redujeron y le dieron un calmante inyectado en el músculo del muslo derecho de su pierna.
Cuando llego Paco al hospital su pierna derecha estaba ensangrentada, el pinchazo empezó a sangrar en ese mismo momento en el que le fue administrado la inyección, la vena que fue perforada para administrarle suero estaba infectada y se formaban extraños bultos, quizás fuera masa infecciosa y la cara era una carcoma con acentuados y marcados músculos del rostro y unos ojos casi fuera de sus orbitas. La enfermera manifestó una histeria que la llevo a golpearse con las puertas abiertas de la ambulancia cayendo de cruces a los pies de los camilleros que ante la gravedad de Paco la dejaron en manos de ATS y celadores. Corrieron cruzando puertas al grito de ¡quirófano! ¡Habilitar un quirófano!
Paco estaba gritando, sus ojos eran unas inflamadas masas de color naranja que eclosionaron y su garganta era un manantial de sangre que ya no le dejaba gritar pronunciando extraños sonidos que recordaba a un asmático en plena crisis.
Cuando llegaron al quirófano los médicos con sus brazos enguantados y en la postura tan conocida en las películas con los codos aliviados y las manos alzadas. Miraban atónitos como llegaba ya despacio una camilla con Paco en posición fetal. Con un gesto en la mirada y moviendo la cabeza los celadores, comunicaron a los médicos que Paco ya estaba muerto.
Un medico se acerco curioso y al intentar tocarle la frente esta se hundió hacia dentro como un helado en su propio cucurucho.
Le realizaron la autopsia y no se explicaron que era lo que le sucedió. ¿Como es posible tal desenfreno de deterioro en un cuerpo humano? ¿Que causo que Paco se desintegrase casi en su totalidad y se desangrara? Nadie logro saber las causas. Solo hipótesis y ninguna conclusión.
Lejos al otro lado de la ciudad un gato se sube al volante del coche de Paco, un coche que fue llevado al parking municipal de la policía, allí el gato lame el cuero que cubre el volante y quedándose dormido en el asiento empieza a sentir compulsiones, surgen los primeros vómitos, un estornudo, se inmoviliza y sus extremidades se estiran, empieza a manar sangre de sus ojos y muere, en su interior una extraña bacteria llegada de lejos, muy lejos, quizás de mas allá de nuestro planeta. Pobre María, doblemente pobre; una por no ver que su maldición se hizo realidad y la otra porque descubriría que en unos años morirían en la tierra todo ser viviente contagiados por una bacteria extraterrestre que incubó en el volante de Paco y el al impactar su cabeza en el volante activo con su sangre la vida de esa bacteria desencadenando el fin del mundo para los seres vivos que lo habitan.
Ten cuidado con lo que deseas a los que odias, podría traer consecuencias paralelas.














