El glamour despierta los sentidos más dispares de los individuos ante su manifestación, la representatividad de los sueños humanos, sus fantasias, adquieren notoriedad al paso de la marcha del libido. Todos soñamos, deseamos un momento, una situación para la eternidad, lo guardamos en forma de pequeños tesoros, colecciones, detrás de cada sorbo de la vida hay un fetichismo oculto. Poetico, religioso, osceno, libininoso, bueno, malo, queda dentro de nuestra retina para siempre, solo sustituido por algo mejor.

El adolescente pajero al paso de las páginas de su revista porno, se masturba con mayor intensidad con aquel fotograma que le cautiva, diciéndose ¡esa! ¡Si! ¡Te follaría entera! Eclipsando ese fotograma la siguiente pagina, donde el jovenzuelo pajero agita su mano con más fuerza al descubrir una rubia con unas tetas enormes, eyaculando y diciéndose a si mismo ¡esta es mi chica! Olvidando a las demás, por el momento.

A lo largo de la vida, ensalzamos a muchas mujeres en recompensa de un buen polvo, los años pasan y los cuerpos se marchita, quedan los recuerdos a modo de fetichismo, estancos lugares de nuestra mente donde albergamos fantasías que aún perduran con bellezones del pasado, amores prohibidos, amores no avenidos, amores perdidos, lugares ocultos incluso para nuestra consciencia y despierta en la inconsciencia.

En la mente de los humanos hay desfiles de moda, siempre variando por temporadas, pero prevaleciendo un mismo instinto, el del placer visual, físico, espiritual, el de todos los sentidos.

Creo en los sueños y en la realización de ellos, menos en aquellos que atenta contra la libertad de unos y otros, porque esos no son sueños, son pesadillas.

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